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Inteligencia emocional y emociones positivas

Según Enrique García, “las emociones positivas nos enriquecen como personas, pues nos ayudan a construir nuevas formas de disfrute”

Todas las personas tienen la capacidad de reír y de llorar. En el hecho de hacerlo de una forma equilibrada, sabiendo cuándo acudir a una emoción u otra, reside parte de la inteligencia emocional. Ésta fue la hipótesis que se desarrolló a lo largo de la ponencia impartida por el catedrático de Psicología de la UNED D. Enrique García Fernández-Abascal, en la que habló sobre “El poder de las emociones positivas”.

La inteligencia emocional de los seres humanos se mueve entre dos motivaciones, no contrarias sino complementarias: el acercamiento a lo positivo y la evitación de lo negativo. Ambas forman una intersección de dos ejes en los que se desarrollan las emociones. “El ser humano nace con el afecto negativo perfectamente desarrollado, porque le resulta imprescindible para sobrevivir. Sin embargo, el eje positivo se va construyendo conforme la persona crece; está abierto al disfrute”, afirmó el catedrático. “Las emociones positivas nos enriquecen como personas, pues nos ayudan a construir nuevas formas de disfrute”, añadió.

A lo largo de su intervención, García revisó las aportaciones de diferentes estudios en este campo que repercute sobre todos los recursos del organismo, tanto cognitivos, como fisiológicos y de comportamiento.

Efectos de las emociones positivas

En primer lugar, se habló de los efectos que las emociones tienen sobre el cuerpo debido a la producción de dopamina, “la droga más importante que origina el cerebro y que proporciona un sentimiento agradable”. No obstante, este hecho queda como algo anecdótico al estudiar sus consecuencias sobre la capacidad cognitiva. Las emociones positivas mejoran el rendimiento y la competencia intelectual, pues afectan al estilo, modo y forma en que las personas procesan la información. “Mientras que lo negativo focaliza la atención en los detalles haciendo que sólo exista la amenaza, lo positivo amplía nuestro foco, nos capacita para ser más creativos y contribuye a una rápida y efectiva resolución de problemas”, apuntó García en este sentido. La memoria tiene un papel esencial en estos procesos. Una misma situación adquiere significados diferentes según el estado asociado a la evocación. Así, con el paso del tiempo, los contenidos positivos registrados se vuelven aún más positivos, mientras que los negativos tienden a dulcificarse. “Se trata de un mecanismo de resistencia”, dijo el catedrático.

Asimismo, el afecto positivo mejora las relaciones personales y sociales y regula el comportamiento humano. La conducta de las personas se dirige hacia las cosas agradables y evita actuaciones nocivas. No obstante, el experto advirtió que tanto los efectos positivos como los negativos necesitan estar regulados: “Una alta activación de las emociones positivas puede llevar a un comportamiento negativo. Por ejemplo, un ludópata se engancha de esa forma porque la expectativa del sentimiento placentero es aún mejor que ganar el juego”.

El estado de salud también se ve afectado por el ánimo, lo que provoca que las emociones positivas se presenten como un importante factor de resistencia a la enfermedad. Del mismo modo, la longevidad también guarda una relación con éstas, y además incrementan la calidad de vida. Esto se debe a que motivan un estilo de vida más activo, que busca comportamientos preventivos a través de dietas y deporte, y a que mejoran el sueño.

Como conclusión, el catedrático recordó la necesidad de cultivar las emociones positivas día a día, de ser disperso en lo que se disfruta y de no tener miedo a compartirlo. “Hagan lo que les apetezca. ¡Disfruten de la vida!”, animó a los asistentes.

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Inteligencia emocional y emociones positivas

Enrique García Fernández- Abascal.